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La Parusia-evangelio de esperanza o fin del mundo?

La parusía del Señor de Casiano Floristan 



1. Más que discurso sobre la parusía, este evangelio es una exhortación a la esperanza.
Se centra en los comportamientos más que en los acontecimientos. Ciertamente, utiliza un lenguaje apocalíptico, pero no para asustar, sino para acentuar que la victoria de Cristo es segura a pesar de las desgracias. La gloria de Dios no está en los edificios ni en el mundo material, sino en la fidelidad a las exigencias de su reino. Lo que predominará será el Hijo del Hombre con todos los elegidos.

2. Parusía significa «presencia», que equivale a la venida definitiva o escatológica de Cristo.
Escatología viene de «eskhatos», que quiere decir «último». Evidentemente, todo el NT está pendiente de la parusía o realización de la esperanza cristiana.

3. A veces algunos cristianos, de corte apocalíptico o «milenarista», acentúan las catástrofes e interpretan este evangelio al pie de la letra.
No se trata tanto del final del mundo natural cuanto del final de un mundo de pecado y de muerte.
Debe ser bien entendida la imagen de la higuera, ya que sin muerte no hay primavera de resurrección.
Lo decisivo no es que se tambalee la primera creación, sino que advenga la segunda y definitiva en toda su plenitud.
Frente al final de un mundo, Jesús propone la vigilancia; frente a la venida del Hijo del Hombre, la esperanza.

REFLEXIÓN CRISTIANA:
¿Nos dejamos impresionar por ciertas amenazas de futuro?
¿En qué debemos poner nuestra esperanza?
Casiano Floristan



Un evangelio de esperanza de Gustavo Gutiérrez

El tiempo ordinario está tocando a su fin. Nos preparamos ya al adviento del Señor.

¿Fin del templo o fin de la historia?
El texto del evangelio está tomado del capítulo más difícil de Marcos. Se interpreta corrientemente como anuncio del fin del mundo. Sin embargo, si tomamos el capítulo en su conjunto, podremos ver que el tema se aloja en el campo del sentido y no en el de la cronología.

Ante la admiración que sus discípulos expresan por el templo de Jerusalén, Jesús anuncia su destrucción (cf. v. 1-2). Sus seguidores preguntan entonces cuándo sucederá todo eso y cuál será la señal (cf. v. 4). Todo el texto está marcado por ese anuncio y ese interrogante. El Señor les dice que como él, ellos también serán signos de contradicción (cf. v. 14-22). Los discípulos deben estar prevenidos (cf. v. 23). El templo representa aquí el poder de los privilegiados de ese tiempo que rechazan el anuncio del Reino: buscarán matar a Jesús y borrar su memoria. No lo lograrán. El Señor vendrá con fuerza y majestad (cf. v. 24-27). El olvido no encubrirá su mensaje.

La tentación del templo es permanente, no pertenece a una época de la historia; ni sólo al pueblo judío. Se trata de un riesgo que amenaza también a sus discípulos tanto inmediatos como posteriores, nosotros. También nos puede suceder que hagamos de esa primicia del Reino que es la Iglesia un templo rico y poderoso. Un Lucas nos presentará varios de estos casos en la persona de los primeros predicadores del evangelio. Entre quienes se opondrán a los seguidores de Jesús estarán incluso personas muy cercanas, lo que hará aún más doloroso el momento(cf. v. 16).

Tener confianza
La previsión de todos estos problemas, que no han sido ajenos a la experiencia histórica de los cristianos a lo largo de los siglos, no impide, más bien estimula a Lucas a subrayar las razones de esperanza. Nuestro texto termina con la reafirmación de un convencimiento: «Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas» (v. 18-19). El Señor estará con aquellos que hablan en su nombre. Es una llamada a la constancia, a la perseverancia, a seguir firmes en la esperanza. Así ganarán sus vidas, como puede traducirse también la palabra que expresamos con «almas».

Ello implica de nuestra parte un testimonio de vida austera que no sea una carga para nadie. Con sencillez, Pablo se presenta, al respecto, como «un ejemplo que imitar» (2 Tes 3, 9). Simplicidad de vida, esperanza y confianza en el Señor nos permitirán enfrentar las situaciones difíciles y discernir en ellas. Seguros de que «el sol de la justicia que lleva la salud en las alas» (Mal 3, 20) nos iluminará.
Gustavo Gutiérrez


Convicciones cristianas de José Antonio Pagola


Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿Cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?

Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el «Día Final» tan esperado, ¿qué podían pensar?

El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.

Primera convicción: La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin
El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.

Segunda convicción: Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre»
El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.

Tercera convicción: Jesús traerá consigo la salvación de Dios
Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.

Cuarta convicción: Las palabras de Jesús «no pasarán»
No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios.

José Antonio Pagola
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