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Soy miembro de Movimiento por la Paz.
Acabo de leer un artículo acerca de la
cremación, ¿es cristiano esta práctica? ¿Puede un cristiano pedir
voluntariamente la cremación? Me gustaría compartir qué opino yo de esta práctica. Pero desde ya te anticipo que cuando me muera no me hagan esta broma de mal gusto.

Antes de continuar quisiera referirme a un tema de mucha actualidad hoy, me refiero al SUFRIMIENTO.

El padre Gean Galop se interroga y dice: ¿por qué el Padre ha escogido el camino del sufrimiento para su Hijo Jesucristo para salvarnos? Y responde:
“Si El ha querido elegir el camino del sacrificio, es porque ha querido respetar las consecuencias del pecado”.

Existe un Midrash hebreo que cuenta que Dios, antes de crear al hombre a su imagen y semejanza y por tanto, con la razón y con la libertad –que es lo
que el Señor más respeta en el hombre- y pensando que el hombre hubiera tenido la posibilidad de rechazarle, pensó entonces en crear la TESHUVA que quiere decir “el camino de vuelta” que se cumplirá en Jesucristo. Por tanto, Dios ha respetado nuestra libertad y en nuestra libertad, seducidos por el demonio, nuestros primeros padres han pecado y como consecuencia ha venido
la muerte, el miedo a la muerte, la esclavitud al pecado y el sufrimiento.

La única forma para salvarnos era que el Hijo de Dios se hiciese carne, tomara nuestra humanidad y con nuestra humanidad, pudiese amar al Padre: amar al Padre con todo el corazón, con todas las fuerzas, con toda su alma y amarnos a nosotros más que a sí mismo.

Esta es la respuesta al sufrimiento: es el amor de Dios .
Referente a esto dice el Papa Benedicto XVI: “Para poder percibir la verdadera respuesta al
“por qué” del sufrimiento, tenemos que volver nuestra mirada a la Revelación del amor divino, fuente última del sentido del sufrimiento, que es siempre un misterio”.

El padre Galop llega hasta hablar del sufrimiento del Padre. Nosotros cuando hablamos de Dios, hablamos en forma de analogía. Por ejemplo cuando nos dirigimos a Dios llamándole “Padre” nosotros tenemos la categoría de nuestro padre carnal, pero Dios es Padre y al mismo tiempo mucho más de lo que podemos comprender. Nosotros no podemos comprender la riqueza de la
paternidad de Dios; lo conoceremos cuando estemos en el cielo. A algunos santos se les ha manifestado y salían de sí porque nuestro cuerpo no soporta la presencia de Dios.

Esta es la dimensión de la Redención, a la que el A.T. ya parecía ser un preludio .Dios da a su Hijo Unigénito, para que el hombre “no muera”, es por eso que el Señor habla de la “vida eterna”. El hombre nace para tener Vida Eterna, lo contrario a esto es la nada, la oscuridad, el vacío, lo
inexistente. Esto quiere decir que Dios nos ama a nosotros más que a su Hijo, por eso acepta que muera por nosotros, porque para salvarnos, Jesucristo tiene que entrar y tocar las raíces que son la causa del sufrimiento que es el pecado, que es el demonio, que es la muerte. Nosotros
sabemos que mientras que todos los que mueren de forma natural tienen la agonía al final, Cristo ha tenido la agonía antes de su muerte.

En el sufrimiento todos nosotros experimentamos nuestra radical impotencia y debilidad; la misma que ha querido experimentar Cristo. El dolor, nuestra impotencia y debilidad nos hacen pequeños, nos hacen pobres, experimentamos que no podemos hacer nada. Estás ahí en una cama y no puedes ni moverte porque estás lleno de dolores, pero esta es una ocasión donde Cristo se hace presente y manifiesta, en nuestra debilidad, el poder de su gloria. Pablo lo
ha experimentado en su historia concreta muy profundamente: “Continuaré gloriándome en mis debilidades para que habite en mí la FUERZA DE CRISTO” (2 Corintios 12,9).

Por tanto, en el sufrimiento cristiano se esconde una fuerza particular que nos acerca interiormente a Cristo; por eso muchos santos han madurado su santificación en la enfermedad. El sufrimiento es, en si mismo, probar el mal. Pero Cristo ha hecho de él la más sólida base del bien definitivo, o sea del bien de la salvación eterna. Cristo con su sufrimiento en la cruz,
ha vencido al artífice del mal, que es el demonio, y su rebelión permanente contra el Creador.

Ante el hermano o la hermana o algún familiar que sufren, Cristo abre y despliega el Reino de Dios. El sufrimiento no puede ser abolido, no puede ser transformado y cambiado con una gracia exterior, sino INTERIOR. Cristo mediante su propio sufrimiento, se encuentra muy dentro de todo sufrimiento humano, y puede actuar desde el interior del mismo con el poder de su
Espíritu, de su Espíritu Consolador. Esto habría que decírselo a todos los enfermos. Que un enfermo se rebele o no acepta el sufrimiento, no escandaliza al Señor, también Job maldijo el día en que nació, lo mismo sucedió con Jeremías. De eso el Señor no se escandaliza porque el dolor te
pone duramente a prueba.

Casi siempre cada uno entra en el sufrimiento con una protesta típicamente humana y con la pregunta del “por qué”. Se pregunta sobre el sentido del sufrimiento y busca una respuesta a esta pregunta a nivel humano, muchas veces se pone esta pregunta también al Señor. Sin embargo, a veces se requiere tiempo, mucho tiempo, para que esta respuesta comience a ser
interiormente perceptible. En efecto, Cristo no responde directamente ni en abstracto a esta pregunta humana sobre el sentido del sufrimiento. El hombre percibe su respuesta salvífica a medida que él mismo se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo. Pero, si tu corazón está cerrado con veinte candados, cuando te rebelas ante el sufrimiento, la gracia no
puede actuar si tú no te abandonas a Dios aunque no entiendas.

No he querido explicar EL SIGNIFICADO del sufrimiento; he querido hacer un anuncio, una Buena Noticia, un Evangelio, de que en el sufrimiento, tú y yo podemos encontrarnos con la victoria de Cristo.

En las comunidades del Camino y en otros movimientos eclesiales, se vive esto en comunidad que es una iniciación a vivir el misterio de la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Nuestros catequistas, encomiendan a los hermanos de estar cerca de los hermanos que están enfermos o de aquellos que se encuentran a pasar al Padre. Porque como dice el Papa, el Señor espera que
cerca de esos enfermos se irradie la compasión humana, la bondad, el amor, la paciencia, la solicitud. Nadie –sobre todo los ancianos- se quede aislado.

Aceptar el sufrimiento no significa oponerse a los cuidados médicos. Cuando los motivos lo exigen está permitido utilizar con moderación narcóticos que calmarían el dolor; remedios paliativos aunque podrían conducir a una muerte más rápida. En tal caso, la muerte no es querida por sí misma, ni buscada; se tiene la intención de mitigar el dolor. Por tanto, la Iglesia no es
contraria pero no obliga a que si uno quiere, libremente aceptar el sufrimiento porque tiene la fuerza de Cristo y quiere unirse y participa con su sufrimiento voluntariamente (como el Papa Juan Pablo II) a la Redención unido a Cristo.

En la historia de la salvación, esto tiene muchísimo valor. Hoy día está difundida la mentalidad que distingue entre vida CAULITATIVAMENTE DIGNA Y SANA, y VIDA CUALITATIVA INDIGNA, carente de valor en cuanto que está irreparablemente enferma. El valor intrínseco de la vida queda medido de esta manera sobre criterios subjetivos y utilitarios. Sin embargo, esta
forma de mentalidad tan extendida hoy en Occidente, es ENGAÑOSA, porque la dignidad de una persona no depende de las circunstancias; es decir: un ser humano no pierde su dignidad por el hecho de sufrir.

Ahora un pequeñísimo comentario acerca de la vejez y de la muerte. Con el progreso de la ciencia, va aumentando más la edad. San Efrén distingue cinco etapas de la vida y dice que la vejez es para alcanzar la sabiduría de corazón; es el tiempo en el que se comienza a mirar hacia el umbral de la eternidad, confiado y abandonado en las manos de Dios y es un tiempo
creativo con vistas a profundizar en la vida espiritual. Aquí no tenemos tiempo de hablar del cielo, pero, con la vejez no acaba todo, ni con la muerte; en el cielo continuaremos creciendo, porque en el cielo se mantiene nuestra creaturalidad aunque seamos transformados y podremos ver a Dios.
Los viejos que dicen que están acabados, es una forma de orgullo; no están acabados. Se acaba esta vida con la muerte y continúa en la otra. Por lo tanto la vejez no es una fase DESCENDENTE, sino ASCENDENTE (hacia el cielo).

¿Dónde están ahora los viejos? En los asilos, porque estorban, son una carga para la sociedad moderna, cuesta mucho mantenerlos. Los cristianos sin embargo, cuidan a nuestros ancianos en nuestras casas, porque sabemos que el Señor nos ha hecho dependientes unos de otros. El sitio de nuestros ancianos, está en la familia cristiana. Como dice el Papa Benedicto XVI:
“Ojala que, bajo ningún concepto, sean excluidos del circulo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones.”

Y para concluir, viene la muerte y la sepultura.
La muerte es el último capítulo de nuestra historia. Todos tenemos que morir algún día. Para el cristiano, la muerte se abre de par en par a la eternidad, de estar con Cristo eternamente. Es el misterio de la muerte y resurrección con Jesucristo.

Como sabemos, la Iglesia está en contra de la cremación; pero hoy existe mucha publicidad, mucha mentira y engaño que ha penetrado también entre los católicos y a veces también en ciertos curas.
La Iglesia inculca el respeto a los restos mortales a la que le pertenecen, como por el honor que se debe al cuerpo de los que, con el bautismo, se convirtieron en templo del Espíritu Santo. Lo atestigua de forma especifica la liturgia en el rito de las exequias y en la veneración de las reliquias de los santos, que de desarrolló desde los primeros siglos.

En la época de las persecuciones en el siglo II, los mártires que eran devorados por los leones, los cristianos recogían sus huesos y los enterraban con mucha veneración, los huesos eran considerados como si fueran los mismos huesos de Jesucristo.
San Paulino de Nola dice acerca de los huesos de los cristianos: “A los huesos nunca les falta la presencia del Espíritu Santo, el cual concede una viva gracia a través de los sagrados sepulcros.”

Hay que tener en cuenta que estamos viviendo en una sociedad muy pagana, donde ya casi no cuenta para nada la fe cristiana, ni la inmortalidad, ni la resurrección. La gente dice que la cremación no se opone a la resurrección ni a la inmortalidad, al contrario, es una solución muy moderna y muy práctica, porque podemos tener más espacios para que podamos divertirnos, y
a la vez resuelve los problemas territoriales, higiénico y urbanístico.

Sin embargo, todo esto es falso. La Iglesia, el cristianismo ha introducido el cementerio (cementerio, significa Dormitorio), el campo adonde los muertos duermen a la espera de la resurrección. El iluminismo, la revolución francesa que quería quitar la Iglesia, quitar la religión y por odio a la Iglesia inaugura la cremación en las guerras primero y en las epidemias
después.
Luego la masonería desde el 1800, como lucha contra la resurrección de la carne y contra la Iglesia se forma ala Liga de incineraciones en Italia, en Inglaterra, en Francia, etc., que para extenderla proponen quitar el impuesto que se pagaba para pasar el cadáver de pueblo en pueblo, etc., haciendo todo tipo de manipulaciones y difunden la cremación. La Iglesia
interviene y da la excomunión a los que se dejan cremar y a los que participan en la cremación; excomunión que durará hasta 1917, fecha del penúltimo Código de Derecho Canónico.

El católico que se cremaba quedaba excomulgado y todos los que le asistían. Esto ha estado siempre prohibido por la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II que va a permitir en casos extremos y excepciones por epidemias, etc. En esos casos quita la excomunión.

Las cenizas no representan el cuerpo que duerme en la espera de la resurrección, es por eso que el Credo de nuestra fe dice: “Creo en la resurrección de la carne”.

Lo más serio de la cremación de los cuerpos, es que casi nadie sabe qué es lo que se crema. Bien, no se quema todo el cuerpo, es sólo una parte del mismo, lo que no se crema, se desecha, es por eso que dije al principio, que espero que cuando yo muera no me hagan esta broma que es muy pesada.

Bien, eso es todo lo que quise decir acerca de los tres escrutinios que nos esperan a cada uno de nosotros: el sufrimiento, la vejez y la muerte.
En Cristo
Lucho
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